La corrosión no siempre aparece de la misma manera. Una superficie completamente oxidada, pequeños puntos que penetran en el metal o el deterioro localizado en la unión entre dos materiales pueden tener orígenes diferentes. Conocer los principales tipos de corrosión ayuda a comprender por qué se deterioran los metales y por qué no existe una única forma de protegerlos.
El ambiente, la humedad, las sustancias presentes alrededor de la pieza e incluso la combinación de diferentes metales pueden modificar considerablemente la forma en que aparece la corrosión.
¿Qué es la corrosión de los metales?
La corrosión del metal es un proceso de degradación provocado por la interacción del material con el entorno que lo rodea.
En muchos casos intervienen reacciones electroquímicas favorecidas por factores como el agua, el oxígeno o las sales. Como consecuencia, el material va perdiendo progresivamente algunas de sus propiedades y puede acabar presentando cambios de color, pérdida de espesor, picaduras o daños estructurales.
El óxido rojizo que aparece en el hierro y el acero es probablemente su manifestación más conocida, pero no todos los procesos corrosivos tienen ese mismo aspecto.
Corrosión uniforme o generalizada
La corrosión uniforme se desarrolla de manera relativamente homogénea sobre una superficie.
En lugar de concentrarse en un único punto, el material va deteriorándose de forma progresiva en una zona amplia. Es una de las formas más fáciles de detectar porque normalmente produce cambios visibles en el aspecto exterior de la pieza.
El acero al carbono sin una protección adecuada y expuesto durante largos periodos a determinadas condiciones ambientales puede presentar este tipo de deterioro.
Aunque puede avanzar de manera gradual, una corrosión uniforme mantenida durante suficiente tiempo termina reduciendo el espesor del material.
Corrosión galvánica
La corrosión galvánica aparece cuando determinados metales diferentes están eléctricamente conectados y existe un medio capaz de actuar como electrolito, como puede ser la humedad.
Debido a las diferencias entre ambos materiales, uno de ellos puede deteriorarse más rápidamente.
Por esta razón, el diseño de una estructura metálica no debe considerar únicamente las propiedades individuales de cada metal. También hay que tener en cuenta cómo interactúan los distintos materiales cuando se combinan entre sí y las condiciones ambientales en las que van a permanecer.
Este fenómeno puede encontrarse en uniones, tornillería, estructuras o componentes fabricados con diferentes materiales metálicos.
Corrosión por picaduras
La corrosión por picaduras es especialmente interesante porque el daño puede estar muy localizado.
En lugar de afectar a toda la superficie, aparecen pequeñas cavidades o puntos que penetran progresivamente en el metal. Desde el exterior, una pieza puede parecer encontrarse en un estado aceptable mientras determinadas zonas están sufriendo un deterioro considerable.
Precisamente ese carácter localizado hace que sea importante prestar atención a pequeñas alteraciones de la superficie y no valorar el estado de una pieza únicamente por su apariencia general.
Corrosión en grietas y zonas protegidas
Determinadas geometrías pueden favorecer que la humedad o distintas sustancias permanezcan atrapadas en espacios muy pequeños.
Juntas, solapes, huecos o zonas situadas debajo de determinados elementos pueden generar condiciones diferentes a las del resto de la superficie. Si el agua permanece retenida y existe poca ventilación, esas áreas pueden convertirse en puntos especialmente sensibles.
Este tipo de deterioro demuestra que la geometría de una pieza también influye en su comportamiento frente a la corrosión.
Corrosión intergranular
Algunos procesos corrosivos pueden avanzar por la estructura interna de determinadas aleaciones y concentrarse en los límites entre sus granos.
Es lo que se conoce como corrosión intergranular. Puede estar relacionada con la composición del material y con determinados tratamientos o procesos térmicos que hayan modificado sus características.
A simple vista puede resultar mucho menos evidente que una capa de óxido extendida sobre toda una superficie, por lo que determinados problemas de corrosión requieren una evaluación técnica más profunda.
¿Oxidación y corrosión significan lo mismo?
Aunque habitualmente se utilizan como sinónimos, oxidación y corrosión no son exactamente el mismo concepto.
La oxidación es una reacción química en la que una sustancia pierde electrones. La corrosión, en cambio, describe el deterioro progresivo de un material como consecuencia de reacciones con su entorno y puede implicar diferentes mecanismos.
El conocido óxido del hierro es resultado de procesos de oxidación relacionados con la corrosión, de ahí que ambos términos se confundan fácilmente en el lenguaje cotidiano.
¿Por qué algunas piezas se corroen antes que otras?
Dos piezas fabricadas con un metal similar pueden presentar comportamientos muy diferentes según dónde estén instaladas.
La presencia constante de agua, ambientes con sales, determinados productos químicos, cambios de temperatura o daños en un recubrimiento protector pueden acelerar el proceso.
También influye considerablemente el estado inicial de la superficie. Una pequeña zona donde el recubrimiento se ha desprendido puede dejar el metal directamente expuesto al ambiente.
Por este motivo, no basta con preguntarse qué metal se está utilizando. Hay que conocer dónde estará instalado, qué agentes encontrará y qué nivel de protección necesitará durante su vida útil.
¿Cómo ayudan los recubrimientos a prevenir la corrosión?
Una de las estrategias utilizadas para proteger superficies metálicas consiste en crear una barrera que limite su contacto con los agentes que favorecen la corrosión.
Los sistemas de pintura, las imprimaciones anticorrosivas y otros recubrimientos pueden cumplir esta función, siempre que sean adecuados para el material y las condiciones ambientales.
Sin embargo, aplicar un recubrimiento sobre una superficie oxidada o contaminada sin una preparación correcta puede comprometer su adherencia y duración.
Por eso la eliminación previa de óxido, pintura antigua o impurezas mediante procesos como el decapado y el granallado es una fase especialmente importante en determinados trabajos.
En INDAPIN tratamos la preparación y el acabado como partes de un mismo proceso, porque proteger correctamente una superficie metálica comienza por comprender qué condiciones tendrá que soportar.
Identificar el problema antes de proteger el metal
No todos los tipos de corrosión se desarrollan de la misma forma ni tienen las mismas consecuencias. Algunas afectan progresivamente a superficies amplias, mientras otras pueden concentrarse en zonas pequeñas y pasar más desapercibidas.
Identificar cómo aparece el deterioro, conocer el material y analizar el entorno ayuda a determinar qué medidas preventivas son adecuadas.
En definitiva, la mejor protección del metal empieza antes de que aparezca el óxido: comienza entendiendo por qué podría aparecer.


